sábado, 17 de enero de 2009

BLANCO SOBRE BLANCO


Llegué a su lado, sonreí a medias, después alcé una mano y la coloqué sobre su corazón...








Su mano izquierda se posó en el hueco de mi espalda y me acercó a él, tanto que pude sentir el frío de su torso, duro como la piedra, traspasando mi piel. Los dedos de su mano derecha se enredaron en mi cabello y yo me estremecí. Paseó su nariz delicadamente por el lóbulo de mi oreja mientras respiraba mi aroma. Burló la provocadora llamada de mi sangre y decidió atender a los deseos de un cuerpo que nunca había sido tan humano. Su rostro marmóreo, a escasos centímetros del mío, hizo que me olvidara de respirar, y enrojecí de placer cuando, con voz melodiosa, murmuró contra mis labios:


-Te deseo, justo ahora.
Te deseo como nunca y para siempre.



Algo más allá de la emoción me impidió responderle, pero mi cuerpo lo hizo por mí. Mis brazos se enroscaron en su cuello y mis piernas buscaron la manera de anudarse a su cintura. Esta vez no se zafó de mi abrazo. Dibujé una línea de besos desde el extremo de su hombro, pasando por el hueco de su clavícula, hasta el hoyuelo de su barbilla. Mi lengua recorrió despacio el contorno de sus labios, que buscaron los míos de inmediato. Me besó. Me besó como no lo había hecho jamás, con una fuerza que sobrepasaba cualquier límite establecido y, a la vez, con una dulzura que debería ser ilegal; regalándome todas esas sensaciones de las que antes me había privado. Pícaro, compuso esa sonrisa torcida suya cuando escuchó mis desbocados latidos, pero esta vez no se rió de mis debilidades adolescentes porque sabía que, si todavía pudiese latir, su corazón habría emprendido una carrera enloquecida contra el mío. Me miró a los ojos y, atisbando el brillo de que había en ellos y que se reflejaba en los de él, me dijo sin palabra lo mucho que me amaba, lo mucho que me necesitaba. Yo le respondí del mismo modo y allí mismo, con las olas custodiando nuestro amor apasionado, empezamos a ser Nosotros. Sentí su divina esencia en el centro de mi ser y supe que éramos como una sola persona, que estábamos hechos para encajar el uno con el otro y que íbamos a pertenecernos siempre.











Lo que S.M. nunca se atrevió a escribir...
Texto dedicado a Saroncia, otra amante de las palabras y mi compañera de desvaríos vampirescos.
Un besote cosa(:
¡Te quiero!

6 comentarios:

ALBA dijo...

GUAAU! Lo has escrito tú? Pues me encanta. Se parece por eso a algún trozo del libro, pero me encanta, de verdad.

unbesoENORME!

[¤~...Cristi...~¤] dijo...

=D


Me encantaa!!


un besazo wapaa


tQ!

Sariica dijo...

Y bueno, no meimporta leer este texto treinta y tres veces seguidas porque es realmente precioso, ya te ido seleccionando las frases... que buahh, hacen que el texto me encante!
Eris en serio me has sorprendido mucho, con esto textazo es increible..!

:) Un beso enorme y me quedo muy corta!


Te quiero! Y mil gracias por la dedicacion del texto, es lomas bonico que me han dedicado en la vida :D

sRta. roCk&roLL dijo...

Que la fiebre vampírica y crepuscular invada nuestros textos.

Soy una de esas "obsesas" con estos libros, y de verdad, me vales tú igual que S.M. para continuar la saga!

un besoooo!

Glenn K. dijo...

Excelente!!!

Transmites tanto en este post.... de verdad q uno de los mejores que te he leido..

Lachicadela clavículagris dijo...

Con este texto me quedo sin palabras, refleja tantisima intensidad, tanto amor..que si comentara algo sobre el me quedaria muy muy corta.

Y por este texto te perdono esa OBSESION que tienes con Edward..jajajaja


Te quiero muchisimo (L)