miércoles, 15 de septiembre de 2010

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''Eris es fuerte, no necesita que se preocupen por ella. A Eris nunca le afecta nada, su vida es idílica, perfecta, como sacada de un cuento de hadas...''




Pues no. A Eris también le pasan (muchas) cosas, no os penséis que las rosas de su camino no tienen espinas... Lo que ocurre es que Eris no se ahoga en un vaso de agua y está dispuesta a comerse el mundo porque, por supuesto, no va dejar que éste se la coma primero a ella. Lo que pasa se ha convertido en una experta en eso de darle la vuelta a la tortilla, en ver el lado positivo de las cosas (alguien le enseñó que Siempre lo tienen). Sucede que ella es capaz de ponerlo todo en una balanza, aprender de los malos tragos y valorar las cosas buenas, y así poder superar las pruebas del día a día.


Y sí, supongo que la vida la trata bastante bien pero, ¿sabéis?, el caso es que esto es algo recíproco. ¿Acaso alguna vez habéis dado las gracias por las maravillas que nos ofrece el mundo? No, claro que no, eso es lo que toca, las cosas son así. Y, desde luego, es mucho más fácil quejarse cuando algo falla y punto. Que sí, que todos tenemos derecho a caer, que todos nos hemos sentido como una auténtica mierda alguna vez, pero no sólo hay que acudir a los demás cuando las cosas van mal y necesitamos apoyo... también es bonito compartir esos momentos de felicidad.

sábado, 10 de julio de 2010

viernes, 30 de abril de 2010

Tal día como hoy... :)



Escuché una vez que 'la angustia por el paso del tiempo nos hace hablar del tiempo que hace'. No sé, a mí nunca me gustó hablar del tiempo, tal vez porque no me quita el sueño el curso de los días. Al contrario, yo intento exprimir cada segundo al máximo, y me gusta echar la vista atrás para comprobar que no he dejado pasar, en ningún momento, la oportunidad de Vivir. Por eso, en días como hoy, sonrío. Porque un día como hoy nuestras miradas se cruzaron por primera vez. ¿Imaginabas tú todo lo que vendría después?

martes, 29 de diciembre de 2009

¿Y tú?

¿Te has dado cuenta? Yo lo comentaba la otra noche con mi amigo, aquel joven príncipe francés; las personas grandes no entienden Nada. Que sí, que sí, que es verdad. Se supone que son ellas las que más saben cuando, en realidad, son las que necesitan más explicaciones. No ven más allá de lo que tienen frente a sus narices y, aun así, creen tenerlo todo controlado cuando hablan de cifras, fechas, y de todos esos datos que consideran tan importantes. No sé, qué quieres que te diga, yo no acabo de entenderlas. Igual lo que ocurre es que yo soy demasiado... ¿simple? Puede ser, porque yo no me preocupo por esas cosas tan relevantes... Yo no miro por la ventana antes de salir a la calle para ver qué tiempo hace ahí fuera, ni me quita el sueño el no saber lo que estará haciendo mi vecino con su vida. Yo hablo con LaLuna en lugar de contar estrellas y no colecciono monedas, sólo recuerdos. Todavía puedo ganarle pulsos a la vergüenza y me importa muy poco el qué dirán. Yo he aprendido a hacerme feliz con las pequeñas cosas del día a día. Fíjate, todo el mundo se pregunta a qué narices me dedico y nadie entiende que me estoy regalando todo ese tiempo que me robó el maldito hacerloquesedebe. Sí, resulta que yo Vivo.

martes, 10 de noviembre de 2009

Abre paréntesis, ele, cierra paréntesis, cuatro y signo de exclamación.

Te quiero mientras te digo ‘Buenas noches mi amor, hasta mañana’. Miro por la ventana y, cuando me doy cuenta de que la luna parece un gajo de mandarina, te sigo queriendo. Te quiero también cuando decido irme a contar ovejitas; una, dos, tres, cuatro... ya me he dormido y aun así, te estoy queriendo. Y te sueño porque te quiero. Y te querré también al despertar, y cuando salga a la calle y el frío me insensibilice la punta de la nariz y me la deje roja. Y pasado mañana, o el otro, cuando esté volviendo a casa y se ponga a llover, cuando me dé cuenta de que he olvidado mi paraguas rojo en casa, cuando me pregunté por qué narices lo saqué del bolso, y cuando el espejo me muestre mi reflejo empapado y a mí me dé por reír. Te querré incluso cuando se me olvide pensar en ti. O un jueves cualquiera, cuando vuelva a pasear por aquel lugar donde aquella vez...

lunes, 21 de septiembre de 2009

Que TÚ. Que YO. Que NOSOTROS.


-¿Confías en mí?


-Sí, ¿por qué?




-Porque quiero besarte en Francia.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Que Ya.

Y fíjate tú, que hoy me he levantado de buen rollísimo, y me he dicho, 'oye tú, ¿te acuerdas de quién eres? tú puedes chica, eres fuerte y de un modo u otro vas a comerte el mundo!' Y aquí estoy :D Que me he acordado que sonreír es gratis y que es algo que a mí siempre se me ha dado muy bien.
C:

lunes, 17 de agosto de 2009

tic-tac

Mi vida huele a ti y mi día a día sabe a todos esos ositos de fresa que te robo sin que te des cuenta. No me mires mal, sé que vas a vengarte y vas a comerte todos mis bombones... No, todos no, sólo los de chocolate negro, porque eres malo pero no cruel. De otro modo no me habrías escondido esos besos entre las teclas del piano. Que sí, que los he encontrado, y sé que no te los dejaste ahí olvidados en un descuido. Los voy a ir coleccionando y me los reservaré para cuando los necesite, para echármelos encima alguna mañana tonta, a lo mejor. Quizás los meta en una caja parecida a aquella en la que guardas tú los míos, o en una similar a esa en la que tengo enlatada tu risa. Me gusta escucharla en alguna que otra ocasión. De vez en cuando, en ciertos momentos en los que me urge reducir a cero esos doscientos cincuenta y seis kilómetros que mide la cuerda que nos mantiene unidos. A veces, cuando la nostalgia me toma la mano, también me gusta pasear por mi habitación, porque en cada rincón resuena el eco de tu voz y a mí me encanta perderme en tus palabras. Luego me estiro en la cama y me cubro con esas sábanas que me devuelven el abrazo que me diste cuando más lo necesitaba. Trato de dormir y, si no lo consigo, cierro los ojos y cuento las pecas de tu cuerpo. O rebusco bajo la almohada, ahí guardo todas las miradas que me regalaste y alguna que otra sonrisilla bobalicona.

martes, 11 de agosto de 2009

Comercio humano


Marta guarda su vida bajo llave, la tira al río y se deshace de todas las copias. Está asqueada. Ha descubierto, a sus 22 años, que el amor existe. Sí, claro que sí. Existe y está en este mundo sólo para putearla a ella. Se ha dado cuenta, por ejemplo, que durante todo este tiempo, mientras ella hacía el amor con Pedro él sólo se la follaba. Pobre infeliz. ¡Qué imbécil!





Y pensar que todo empezó cuando decidió vender su alma por dos picos. No, tal vez sucedió al revés. A lo mejor necesitó ese par de picos para no verse a sí misma realizando semejante transacción. ¡Maldita sea!

martes, 28 de julio de 2009

21 gramos 100% compatibles


Y, de repente, te convertiste en algo más que pura adrenalina, ese cuerpo de sangre mezclada con gasolina. Dejaste de ser sólo esa peca capaz de hipnotizarme. O ese aroma que me abstrae del mundo, incluso cuando estás lejos... no, mejor dicho, incluso cuando no estás a mi lado, porque siempre te he sentido cerca, siempre te siento conmigo.

Justo el día en que conseguí que tu corazón fuese de papel [lo estrujo y ¡RAS!], en ese preciso instante en el que estuvimos a menos de 3mm de distancia, pasaste a ser mi compañero de alma. Sí, tú. Ese romántico para el que no existen imposibles, caballero andante que sin escudo se atreve a enfrentarse al mismo Destino si se pone en su contra y trata de impedirle llegar a donde quiere, con quien quiere. Y ahora ya me he acostumbrado a esos ojos que se clavan en mi piel, y a esa cara de embobado que se te queda cada vez que me ves reír. Cada noche sueño con ellos y con tus palabras: ‘¿Sabes que tienes una mirada preciosa?’. Y ya no sé si podría vivir sin lo que me hacen sentir. Por eso no quiero que dejes de mirarme así nunca, no mientras tú quieras seguir haciéndolo. Y créeme que yo haré todo lo posible para que no pierdas las ganas. Ya te lo dije, quiero hacerte FELIZ. Quiero seguir haciendo planes contigo, planes que sé que llevaremos a cabo. Quiero que acabemos perdidos en ese bosque que ya es nuestro, vivir a base de besos sobre una alfombra de colores otoñales y abrazarte fuerte fuerte fuerte... soñando acabar dentro de ti.





Y susurrarte al oído ‘SIEMPRE’. Sin miedo.