Me llamo Pilar Ortega Facerias, aunque cada uno me llama como quiere, y a mí no me importa demasiado. Nací un bonito 31 de mayo del noventa, cayó en jueves, por si a alguien le interesa. Y se supone que soy catalana porque nací en Barcelona, pero en mi sangre hay una mezcla geográfica inimaginable, por eso yo más bien me considero ciudadana del mundo. Aparentemente no hay mucho que contar acerca de mí misma, un cambio de ciudad, unas notas bastante buenas, algún que otro viaje, un corazón roto, una caja llena de recuerdos y una sonrisa tatuada en el alma.
Pero, en realidad, he vivido tanto...
He vivido guerras, me he convertido en caballero y han amputado partes de mi cuerpo. He leído cartas ajenas. Me he comunicado con espíritus que me han puesto la piel de gallina. He hablado con animales. He paseado por el espacio y los mismos extraterrestres han venido a visitarme a mí. He reído. He llorado. He mentido. Me he hecho tatuajes. Lo confieso, alguna vez me he drogado. También he sufrido anorexia. En alguna ocasión me violaron. He tenido SIDA. Me he quedado embarazada. He tenido varios accidentes y he muerto unas cuantas veces. He viajado, en tren, en coche y en avión. He cometido locuras. He participado en carreras ilegales y he aparecido en las primeras páginas del periódico. He aprendido a conducir e, incluso, a cocinar. He jurado amor eterno. Me han amado, unas veces me he dejado querer y otras he correspondido. Han corrido riesgos por mí. Me han engañado. He asistido a muchas citas y he tenido mil primeras veces, todas distintas, todas especiales. Me han escrito poemas y han compuesto canciones para mí. He vuelto a los diecisiete en varias ocasiones. Una vez me teñí de rubia y mi vida chocó con la de un afamado publicista veinte años mayor que yo. Sí, eso sucedió cuando me dio por hablar italiano. Y fue en esa misma época cuando aquel épico motero camorrista, el que escondía un corazón de oro bajo su chupa, me robó el corazón. También he vivido en Washington y allí fue donde descubrí que no hay nada que siga siendo sólo un mito. Puede que alguna vez haya cambiado de sexo. Sí, hace tiempo me convertí en un joven francés, un alma incomprendida en busca de la esencia perfecta disfrazada de muchacha pelirroja. He matado..

He sido tantas personas..!